lunes, 23 de diciembre de 2013

Los grises



- Hernán le mostró orgulloso los dibujos a su papá.
-¡Que lindos! ¿Y estos quienes son?
- Los Gornai.
- Ah, sí… acá veo que les hiciste los dibujitos en la piel.
- ¿Te gustan?
- ¡Están buenísimos! Me encanta como te salen los Burlos. Y la nave está igualita a la de verdad.

 “Una vez entró a la agencia un tipo muy extraño. Algunas especies no muy familiarizadas con los seres humanos podrían haberlo confundido con uno de nosotros,
pero para cualquier habitante de la tierra las diferencias eran muchísimas. No solo por su temple, su total falta de expresión de cualquier sentimiento, sino también por su falta de color: su piel, su cabello, sus ojos, y hasta su ropa eran de distintas tonalidades del gris. También su mirada y su voz eran, en cierta forma, grises.
 Su irrupción en la agencia nos inquietó a todos. Y más cuando nos contrató para un viaje con él como pasajero. Nadie quería llevarlo a su planeta natal: su forma de hablar nos causaba las peores sospechas, como si estuviera ocultando algo. Además, nos daba algo de miedo ir a un planeta repleto de sus semejantes.
 Resignado, tomé la tarea cuando me fue encomendada. Subimos a la nave e hice que mi pasajero llenara las planillas correspondientes. Firmó con una simple “F”, y me aclaró que su nombre, intraducible a nuestra lengua, se pronunciaba algo así como “Of”.
 Fue uno de los viajes más aburridos que recuerdo. Of no hablaba más que lo estrictamente necesario para llevar a cabo las pocas tareas de la nave que le correspondían como pasajero. Y cuando lo hacía, su monotonía recordaba la de los robots, profundizando mi sensación de soledad.
 Para atenuar esta sensación puse música. Fue algo terrible. Of se tapó ambos oídos con las manos y empezó a gritar para hacerse oír. Aún a pesar de su monotonía, a pesar de su elección de palabras totalmente neutras, pude imaginar el miedo que tenía.
- ¿Qué es ese ruido? ¿Hay un desperfecto técnico?
 Apagué la música y, sorprendido, caí en cuenta de las consecuencias que tenía la falta de expresión. Un mundo habitado por gente como Of era un mundo sin arte.
 El viaje continuó sin mayores sorpresas. Yo no podía dejar de imaginar su planeta de origen como un lugar árido y plano, sin color ni sonido, en el que costaría distinguir una cosa de la otra a la distancia, y en el que mi llegada causaría un revuelvo por mis ropas de colores, o por mi entonación al hablar.
 No podía estar más equivocado. Cuando llegamos, me encontré con un planeta hermoso. La naturaleza crecía a su criterio, sin que nadie intentase darle forma o embellecerla. Las casas y los objetos, habían sido construidos sin más criterio que el práctico y funcional… pero no por eso carecían de belleza. Aunque carecían de adornos, aunque carecían de un orden estético, permitían apreciar la belleza natural que poseían sus colores y sonidos. Era algo fantástico.”

-¿Pero a esta gente gris no se daba cuenta de todas las cosas lindas a su alrededor?- preguntó Hernán, preocupado. 
- Para mí eso es esperanzador- respondió Rodrigo.- Pensá que este pueblo, aún sin saberlo, sin notarlo, pudo crear cosas hermosas. Y a pesar de todo, el arte va a estar de alguna forma ahí, cuando haya alguien que pueda apreciarla.

2 comentarios:

  1. Las personas grises nunca se dan cuenta de lo que tienen a su alrededor.

    Ni aunque se lo estén señalando...

    Saludos

    J.

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    1. Gracias por pasar y comentar, José.

      ¡Saludos!

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