lunes, 3 de marzo de 2014

Sinfonía del Universo



-¿Papá, por que pasan las cosas?

-Es difícil saberlo hijo, no lo sé, hay muchas teorías. Muchas escuelas científicas que se contradicen entre si.

-¿Y vos que crees?

 "La verdad que no se cómo se llama, pero cuando estaba en la escuela, una tarde volviendo de clase vi un edificio muy antiguo al que nunca le había prestado atención. Parecía una antigua biblioteca y estaba clausurado por peligro de derrumbe desde hacía muchísimo tiempo. Era en realidad un edificio histórico de la antigua civilización terrestre, de esos que ya ni a los arqueólogos les interesa y a los que nadie presta atención. A mi tampoco me había llamado la atención, pero esa tarde pude escuchar, proviniendo de su interior, una melodía muy suave y lejana.
Sorteando los escombros de la entrada pude ingresar al edificio y, guiado por la música, fui adentrándome por su laberíntico interior. A medida que avanzaba podía escuchar cómo aumentaba el volumen de la música. Casi completamente a oscuras, llegué hasta lo que parecía una desvencijada puerta de madera, corroída por los años. Por entre las rendijas se filtraba una tenue y sutil luz que parpadeaba cada tanto. Me acerqué a espiar por entre las maderas y apenas pude ver un bulto moviéndose en la lejanía. Parecía atareado y no me notó, o eso creí, así que de a poco abrí la puerta, despacio para no hacer ruido, y me deslicé dentro. Sin embargo, ni bien terminé de entrar en la habitación, la música dejó de sonar y en ese momento preciso el mundo se detuvo.
Estaba de espaldas sentado frente a un piano con una partitura delante suyo. Parecía un robot de algún tipo que no conocía. Era difícil determinar dónde terminaba el autómata y dónde comenzaba el instrumento musical. La figura miró por sobre su hombro y luego volvió la vista al instrumento y la música prosiguió. Era una melodía hipnotizante, que me transportó por los más diversos recuerdos de mi vida. Era fuerte como un tornado jupiteriano, pero al mismo tiempo sutil como los pétalos de una orquídea pleyadiana. La música representaba los amaneceres en Neptuno y los atardeceres en Mercurio, era el motor mismo del Universo lo que podía escuchar saliendo de ese extraño órgano.
Sin siquiera darse vuelta el autómata me habló con una voz oxidada:
 -¿Sería usted tan amable de hacerme un favor, desconocido visitante? Estoy necesitando un poco de lubricante para suavizar el pedal izquierdo, de lo contrario próximamente las lunas de Saturno dejarán de girar y eso sería un problema muy serio para los habitantes de Titán, el mayor de sus satélites. Se encuentra ahí cerca, en la tercera gaveta del mueble al otro extremo del salón.
 Sin comprender demasiado lo que me estaba diciendo encontré un frasco cargado de aceite y un aplicador. Siguiendo sus indicaciones le apliqué el aceite a uno de los engranajes de su robótica pierna, y a partir de ese momento comenzó a moverse un poco más armoniosamente respecto de las otras extremidades.
 –Ah, muchas gracias, joven, mucho mejor. Claro que este favor no pasará desapercibido. No hace falta que me diga su nombre ni a qué escuela asiste, le aseguro que su visita a este lugar no ha sido fortuita ni pasará desapercibida para el gran esquema de las cosas.
No lograba comprender demasiado las cosas que ese autómata estaba diciéndome, así que solamente me limité a asentir cada vez que parecía haber concluido una idea. Francamente, la melodía que tocaba era demasiado maravillosa como para poder prestarle atención a cualquier otra cosa.
Luego de un tiempo, se dio vuelta para hablarme.
 -Hasta aquí llega nuestro encuentro joven, mis engranajes están muy fatigados ya como para seguir tocando esta música, va llegándome la hora de crear un reemplazo en algún otro lugar del cosmos. Espero que le vaya bien en su vida, que sea feliz y que tome las decisiones que considere siempre acertada
s, ya que uno toca la sinfonía del Universo, pero el libre albedrío es algo intocable. Debo regresar pronto a mis obligaciones, las melodías repetidas funcionan solo durante poco tiempo. Hasta luego, ha sido un gusto verle jovencito, ha llegado la hora de irse.-
 Y en el momento en que volvió a conectarse al instrumento musical, el edificio comenzó a estremecerse desde sus cimientos. Tuve que correr escapando para no quedar atrapado entre los escombros y salí en el momento exacto en que el edifico colapsó, destruyendo todo lo que había dentro.
Cosas muy extrañas ocurrieron en los días siguientes: el Sol se apagó por cuarta vez en la historia moderna, hubieron perturbaciones en las órbitas de los cuerpos celestes y en los ritmos circadianos de la biología. Pero poco después todo volvió a la normalidad como si nada hubiese pasado. Incluso la mayoría de la gente parece haberse olvidado de esos días de reajuste en las reglas de la naturaleza. La canción parecía ser la misma, pero el intérprete era otro.
Como el robot había dicho: “el libre albedrío es intocable”. En eso creo."

lunes, 24 de febrero de 2014

El festival de las máscaras



 Hernán estudiaba la foto que le acababa de dar su papá. No estaba acostumbrado a las imágenes impresas en papel. Tampoco estaba acostumbrado a ver a su padre de chico, aunque tuviera la cara tapada.

 “El festival de máscaras de Bufeiz es algo digno de ser visto. Tu abuela, como regalo de cumpleaños, nos consiguió dos pasajes. Eran solo dos pasajes porque en ese momento tu abuelo acababa de cerrar el taller y todavía no nos habíamos acomodado económicamente. Además, ir a Bufeiz en temporada alta era un lujo de pocos. En esa época todavía quedaban algunos lugares en el universo donde se le daba mucho valor a lo exclusivo.
 Pero bueno, lo importante es que tu abuela y yo fuimos a Bufeiz. Casi lo primero que hicimos al llegar fue ir a uno de los muchos negocios de máscaras, a comprar una para el festival. Había mil diseños, de mil formas y colores diferentes. Representaban animales y criaturas de todas las galaxias conocidas, y las había con distintos adornos y símbolos que podían elegirse según tu propio gusto, y según tu propio bolsillo.
 Pasamos un buen rato eligiendo hasta que los dos nos fuimos conformes. Además de las máscaras, habíamos comprado el Proyector, una especie de máquina de humo, fundamental para que funcione el dispositivo. Porque lo más importante de las máscaras no era cubrirse la cara con formas graciosas, sino que toda la realidad cambiaba al tener una puesta. El mundo se transformaba en lo que querías que fuera.
 A través de la máscara, y con solo desearle, podíamos proyectar imágenes, jugar con las formas y los colores, crear y compartir cosas. En el centro del festival, en plena calle, cientos de personas mostraban sus recuerdos, sus vidas, sus sueños. La gente podía conocerse a través de las proyecciones donde veía los gustos del otro, su capacidad para imaginar cosas nuevas o para proyectar en bellas imágenes lo que les había pasado.
 Naves increíbles, animales exóticos, músicas extrañas, y hasta gente de otras épocas y espacios, todo se mezclaba entre la multitud. Y alrededor de la muchedumbre, aumentando la ilusión de infinitud, habían sido colocadas grandes paredes hechas de espejos. Mientras la mayoría charlaba y conocía gente animadamente, muchos se observaban y examinaban a sí mismos frente a un espejo. Me acerqué con curiosidad.
 Disfruté lo que apareció. A través de la máscara, pude ver la imagen de mí mismo que, casi sin notar, había creado. En el espejo, yo era un poco más alto, y mis facciones eran más agradables. Tenía un aire de inteligencia y rebeldía en la mirada. Y una sonrisa perfecta. Al principio me gustó, pero después empezó a inquietarme. Ese no era realmente yo.    
 Me saqué la máscara. Por el reflejo, pude ver atrás mío que mi mamá hacía lo mismo.
-Después de un rato aburre, ¿no?- me dijo-. Ver tantas maravillas que se vuelven humo al tocarlas.”

- ¿Algún día me vas a llevar a Bufeiz, pa?- preguntó Hernán.- Yo quiero jugar a inventar cosas como el tío, o a viajar por todos lados como vos.
- Sí, algún día si querés te llevo al festival. Pero tenés que acordarte lo que te acabo de contar. Porque ahí fue donde aprendí que todas las máscaras, hasta las más bellas y elaboradas, terminan por caerse.  

lunes, 17 de febrero de 2014

Escape de Mercurio



Papá, ¿hace un tiempo me contaste que en una guerra derrotaste a un espectro vos solo no?-
-Si, fue en la guerra contra el Imperio Extragaláctico ¿Por?-
-¿Y como fue el principio de la guerra?-
-Uff, que dificil…

 “Por suerte la esa guerra no duró mucho, pero fueron tiempos muy intensos. Lo peor fue al principio. De la noche a la mañana nos vimos invadidos por las más diversas criaturas. Todo empezó hace como veinte años, cuando estaba acompañando a la abuela a hacer compras por l
os mercados de Mercurio. Me había ofrecido a acompañarla porque hacía muy poco tiempo que me había comprado mi primera nave transportadora, y bueno, fantaseaba ya con trabajar así que tomaba esos viajes como práctica. Además, tu tío en esa época había desaparecido al ingresar por una grieta temporal.
 Estábamos paseando por el mercado del barrio viejo cuando vimos unas sombras pasar rápidamente por encima nuestro. Casi que no les prestamos atención, pero a los pocos segundos una explosión muy fuerte se escuchó a lo lejos. No le dimos importancia ya que en el barrio viejo de Mercurio las grietas gasíferas son bastante normales y cada tanto alguien prendía un cigarro en el lugar equivocado y todo volaba por los aires. Luego vimos otra sombra fugaz, y segundos mas tarde otra explosión, más lejos. Esta vez la gente se agitó y todos comenzaron a preocuparse ¿otra grieta gasífera? ¿vendedores de pirotecnia atómica fallada? De pronto noté otra sombra pasando sobre nosotros y miré hacia arriba lo suficientemente rápido como para ver lo que parecía ser un escuadrón entero de Gavilanombres sobrevolando la zona en formación de guerra. Segundos más tarde hubo otra explosión, esta vez mucho más cerca de donde estábamos nosotros. Ya resultaba evidente que no se trataba de accidentes aislados y todas las personas que se encontraban en el mercado comenzaron a correr.
Tomé del brazo a la abuela y, a los tumbos, esquivando gente, logramos acercarnos hasta donde había quedado estacionada la nave mientras seguían cayendo bombas sobre la gente aterrorizada. Por suerte la nave no había sido dañada así que nos subimos listos para escapar. Pero no podíamos irnos así sin más. Mientras yo preparaba los controles, la abuela abrió la escotilla y gritó: -¿Quienes van a la tierra? ¡Vamos para ese lado, súbanse que los llevamos!-
 Finalmente, con el almacén de carga repleto de refugiados y al límite de la capacidad, despegamos con el tiempo justo para ver como todo el barrio viejo de Mercurio era devorado por las llamas. Pero eso no significaba que estuviésemos a salvo ya que un escuadrón de Gavilanombres comenzó a perseguirnos y en cuestión de pocos minutos nos dieron alcance. Se agarraron del casco de la nave y comenzaron a desoldar la defensa anti meteoritos. Nunca pude ver cuándo se fue pero, mientras yo realizaba maniobras evasivas para liberarnos de nuestros perseguidores, la abuela se puso el traje espacial y abrió la escotilla para enfrentarlos mano a mano. A simple vista uno pensaría que una viejita no sería rival para un escuadrón de tropas altamente entrenado, pero la abuela atacó sin piedad como una leona defendiendo a sus cachorros y, ante la mirada atónita de los agresores, los fue despachando uno a uno con su electrificador de bolsillo primero, y a los carterazos y empujones cuando se le terminaron las baterías. Finalmente, cuando no quedaron Gavilanombres sobre la nave, la abuela regresó al interior y todos los refugiados la recibieron con aplausos, cánticos y mucha alegría.
Y bueno, así fue como escapamos de Mercurio, y al llegar a la tierra nos enteramos de que toda la Vía Láctea estaba bajo ataque. Después por suerte pudimos formar una resistencia y terminamos echando al Imperio Extragaláctico.-“

-¡Waw! ¿y eso cuento tiempo llevó?
-Unos años, fueron épocas muy dificiles para todos, pero también fueron épocas muy entretenidas y llenas de historias para contar.
-Ah...
-Como cuando el abuelo inauguró la escuela de puntería en gravedad cero y tu abuela derribó un crucero imperial con un cañón que había diseñado el tío con las partes de un horno microondas.
-Si, si, claro que me acuerdo.

lunes, 10 de febrero de 2014

Los árboles de la luna



Pedí una hamburguesa con papas fritas, pero no tenía hambre. Me entretuve mirando la gente a mi alrededor y esperando. Hasta que llegara la comida, por lo menos, tenía algo que hacer. Es que la tristeza a veces es eso, pasar de pequeñez en pequeñez. Pasar de una cosa a la otra sin disfrutar nunca ninguna.
- ¿Sos terrícola?- me preguntó la mesera.
Asentí con la cabeza. Acababa de llegar a la luna, y ya estaba cansado de explicar las razones de mi mudanza, que tampoco eran tantas ni tan graves. Me escapaba de un amor, me escapaba de una historia y de un dolor que sin que me diera cuenta se había subido conmigo a aquella nave.
 Hice un esfuerzo para comer parte de la hamburguesa. No había caso, no tenían el mismo gusto que las de la Tierra. Me recordé que yo mismo había buscado ese cambio, pero no me obligué a seguir comiendo. Pagué la cuenta y salí a caminar.
 No estaba acostumbrado a andar con traje todo el día. No estaba acostumbrado a la falta de gravedad. No estaba acostumbrado ni al suelo ni al cielo de la luna.
 Llegué a la zona de los Lagos Menwail. Los lagos fueron el primer intento del hombre por colonizar la luna. Por ese entonces tenían planificados grandes bosques y zonas habitables, donde la naturaleza y el hombre vivirían en armonía. Una gran cápsula separaba esa zona de oxígeno del resto del universo.
 Una vez adentro, me quité el casco y disfruté del aire más natural que podía conseguirse en el satélite. Recorrí el lugar maravillado. Los árboles se parecían vagamente a los que había en la tierra, pero sus hojas eran de tonos de verde que no creía posibles. Parecían de verdes oscuros y opacos cuando no les daba la luz, pero las que estaban expuestas al fuerte sol de la luna eran transparentes y brillantes.
 ¿Cómo podía haber estado triste? Había tanto por conocer, en la luna primero, y en el resto del universo después. Caminé entre ese paisaje fantástico, oyendo el cantar de aves y los pasos de pequeños roedores que no habían conocido otra cosa que este micromundo donde el sol duraba trece días y la noche otros trece.
 De repente, oí algo distinto. Un chapoteo, una voz. A través de las ramas bajas de los árboles, pude verla bañándose en el lago. Jugando con el agua. El mismo día que me prometí a mi mismo recorrer el universo, conocí la razón para volver a lo que sería mi hogar.
 Me le acerqué y sonreí. Ella también. 

lunes, 3 de febrero de 2014

Cuando se apagó el sol

"-Esa fue la primera vez que se apagó el Sol. Al principio fue un lío bárbaro porque al no haber más pulso gravitatorio los planetas comenzaron a vagar por la galaxia. Algunos se quedaron cerca de Júpiter, pero los más lejanos no tuvieron esa suerte. Me acuerdo muy poco de esa época porque era muy chico, más chico que vos ahora. La verdad que casi lo único que recuerdo es que con tus abuelos nos llevaron a un lugar bajo tierra. Había muchísima gente, pero todos estaban callados. Nadie decía nada. Habíamos entrado todos en silencio. Éramos una procesión gigantesca, miles y miles de personas entrando en una fortaleza.
 Recuerdo particularmente las puertas del lugar al entrar: eran enormes, parecían ser tan grandes como un edifico entero, y sentí una vibración muy fuerte al cerrarse a nuestras espaldas. Al poco tiempo nos llevaron a una cámara donde estuvimos con otras familias terrícolas y muchos refugiados de otros lugares del sistema solar. Había muchos venusinos, y algunos saturninos y mercurianos. También había unos pocos neptunianos que no eran muy bien vistos porque corría el rumor de que habían sido los causantes del apagón solar.
Con mi familia nos habíamos hecho amigos de unos saturninos que conocía el abuelo de sus años como vendedor galáctico. Yo pasaba el tiempo con sus hijos, pero con el tiempo me terminaron aburriendo porque a los chicos saturninos no les gusta mucho jugar, solo les gusta la matemática y únicamente hablan en ecuaciones.
Recuerdo muy bien el momento en que partieron, sincronizadas desde la tierra y Marte, las naves para volver a encender el Sol. Todos los refugiados nos habíamos juntado a mirar las pantallas que mostraban el progreso de la misión. En ese momento pude ver cómo una familia de neptunianos se alejaba de la pantalla de transmisión. Dejé la muchedumbre para seguirlos y vi como se reunían alrededor de una niña recostada. Era hermosa y estaba dormida, rodeada por sus familiares que la peinaban y arreglaban. Eran muy sencillos en sus modales y usaban vestimenta muy simple. Parecían tristes, mientras que la niña mostraba una calma solemne; debía ser un sueño muy profundo en el que se encontraba sumida. En ese momento se me acercó un venusino y me contó la razón de esa reunión: la niña había quedado dormida justo en el mismo momento en que el Sol había comenzado a apagarse, y no hubo ningún tratamiento capaz de despertarla. Entonces la niña movió sus ojos aún cerrados y todos los neptunianos a su alrededor se sobresaltaron, era lo primero que hacía en mucho tiempo. Poco después comenzó a agitarse en su sueño, a mover la cabeza de un lado a otro y a acomodarse en la cama como preparándose para despertar. Al mismo tiempo, comenzó a escucharse un murmullo desde el sector de la pantalla transmisora: la gente estaba viendo algo, algunos rezaban, otros comenzaron a suspirar.
 En el momento mismo en que la niña despertó y abrió los ojos, la gente estalló en aplausos y cantos de alegría. Pocos minutos después de haber partido la misión conjunta Tierra-Marte, cuando las naves aún no habían llegado ni a lo que había sido la órbita de Mercurio, el Sol, sin ningún motivo ni aviso, volvió a prenderse.
Mientras tus abuelos me agarraban de los brazos y me llevaban de regreso a nuestra casa, pude ver como la niña se sentaba en su cama y les decía a sus padres que había tenido un sueño muy extraño."

- ¿Y que pasó con los otros planetas? ¿Volvieron a sus órbitas?-
-Sí, hijo, pero esa es otra historia...-

lunes, 27 de enero de 2014

Regreso a la casa del desierto



- El otro día te hablé sobre cómo escapé de la casa del desierto. Hoy te voy a contar como volví a entrar.

 “Llegué a la nave y llamé para pedir ayuda. Claro que las autoridades me exigían que vaya al planeta habitado más cercano y explicara ahí lo sucedido.
- Usted se encuentra en un planeta desierto con una atmósfera altamente tóxica- me decía la joven en la holollamada-. Es muy probable que estos fenómenos sobrenaturales sean simplemente una alucina…
 Corté indignado. Después llamé al tío Norberto y le expliqué lo que estaba a punto de hacer. Me dijo que iría para allá de inmediato, que lo esperara. Pero yo lo había llamado solo para informarlo en caso de que no volviera a salir… no podía esperar todo el tiempo del viaje de tu tío.
 Volví a la casa. No contaba más que con mi propia suerte. Para colmo, la única forma de entrar en la casa era por la puerta principal, lo que eliminaba el elemento sorpresa. Por esa razón, para desorientar al secuestrador, decidí aparentar confianza. Quizá él creyera que tenía algún arma o protección contra su poder.
-¡Te exijo que liberes a todos los prisioneros inmediatamente!- grité. Mi única respuesta fueron el silencio y la oscuridad.
 De repente, mil agujas se clavaron en mi cabeza. El dolor invadió todo mi ser. Mientras me revolvía en el suelo, pude ver al secuestrador saliendo de las sombras. Su ojo, mirándome fijo a través de un monóculo, perforaba los míos. El cuarto, ahora gigante a mi alrededor, se oscureció cuando el secuestrador me tomó entre sus manos.
 Me dejó suavemente dentro de una especie de caja. Podía sentir gente a mi alrededor, y supuse que estaba junto a los otros prisioneros. Mientras mis ojos se adaptaban a la oscuridad, pude hablar con uno de ellos que se presentó como su líder.
- Todos los días nos disfrazamos y luchamos para entretenerlo. El resto del tiempo, somos libres de hacer lo que queramos dentro de la caja. Vas a ver que no es tan malo, mientras no hagas enojar al Amo.
- ¡Tenemos que escapar!- respondí casi en un grito.- Seguramente alguien afuera nos puede volver a la normalidad. Pero hay que salir de acá.
 Los prisioneros parecieron inquietarse ante mis palabras. Algunos directamente gritaban cosas en mi contra. El líder volvió a hablarme.
- Tranquilizate, con esa actitud no vas a llegar a nada. Todos nos sentimos así al principio. El Amo es demasiado grande y fuerte para ser derrotado. Las únicas armas que tenemos son las que él mismo nos da para luchar entre nosotros. Y nos vigila constantemente. Vive para nosotros. Y cuando quiere, es generoso con los que juegan para él.
 No podía ser cierto. Los prisioneros defendían a su secuestrador. Aunque yo sabía que ellos no estaban del todo derrotados: unas horas atrás habían intervenido a mi favor.
 Esperé a que todos se durmieran. No sé cuantas horas pasaron, pero fueron muchas. Recorrí el lugar buscando una abertura. Si no recordaba mal, la caja era una especie de teatro en miniatura.
- Así que querés salir- la enorme voz del secuestrador hizo vibrar todo a mi alrededor. Yo no había notado que la caja no tenía techo, que estaba siendo observado. Me levantó por los aires y me dejó sobre una mesa. A mi alrededor, pude ver cientos de cajas como la que me había contenido, apiladas por doquier. ¿Cuántos prisioneros tendría?
 Una campanada sonó a lo lejos. El secuestrador se fue a recibir al nuevo visitante. Grité con todas mis fuerzas, deseando que mi voz llegue a todas las cajas.
- ¡El Amo está distraído! ¡Es nuestra oportunidad! ¡Hay una nave esperándonos!       
 Nada sucedió. No tenía manera de saber, tampoco, qué sucedía en el otro cuarto. Momentos después una caja, una sola entre todas las que había, comenzó a agitarse. Se abrió, y cientos de personitas salieron corriendo.
 Después otra, y otra, hasta que una a una todas las cajas se agitaron para luego ser rotas desde adentro.
 Corrimos muchísimo, más de lo que pensé que iba a correr jamás. Cada pequeño escalón o imperfección en el suelo, era para nosotros un enorme obstáculo. Pero llegamos a donde estaba el tío Norberto. Y llegamos en el momento justo: él y dos amigos nuestros de la luna se debatían en el suelo mientras sus cuerpos se encogían. Pero la ola de prisioneros fue demasiado para el secuestrador. Algunos pocos lo atacaban, aunque era imposible que le hicieran daño. Lo que lo desesperaba realmente era ver derrumbado el mundo que había creado para su diversión.  
 El secuestrador se tiró al suelo, intentando levantarnos a todos. Fue su perdición. Las personitas se lanzaron en su contra y atacaron sus ojos, sin los cuales no podía hacer más daño.
Ciego y derrotado, no nos distrajimos más tiempo con él. Norberto y los otros nos ayudaron a llegar a la nave llevándonos a todos en una camilla. Y así derrotamos al Amo, dejándolo solo y sin poder.”

-Te falta contar algo… ¿no?- dijo Hernán con una sonrisa.
- Sí, claro. Pero es menos impresionante. A medida que pasaron los minutos y nos alejamos en la nave, fuimos volviendo a nuestro tamaño natural. Fue un proceso lento, que en mi caso duró más de un año. Es más, ¿no me notás un milímetro más alto que ayer?

lunes, 20 de enero de 2014

Las cuevas de Calcidea



-¿Alguna vez dudaste de tu propio trabajo?- Preguntó Hernán a Rodrigo mientras se preparaba para dormir.
-Mmm... Sí, puede ser.

“Recuerdo que esto ocurrió hace bastante tiempo. Con tu tío Norberto, el inventor, habíamos aceptado ir a buscar un cristal que solo se encontraba en las cuevas de un planetoide llamado Calcidea.
 Desde un principio sospeché que no debía haber aceptado ese en
cargo. Resulta que el cristal de calcideana era un material muy raro y difícil de conseguir, y por el solo hecho de asegurarse de que no lo vendamos a un mejor postor, Marcos, nuestro empleador, demandó acompañarnos en el viaje. También nos acompañaba su asistente personal: Leandro. Tenía una novia del planeta Mejio esperándolo a su regreso y deseaba ahorrar suficiente dinero para poder abrir su propio bar algún día.
 El viaje de ida no fue la gran cosa, Marcos se había encerrado en su camarote y solo salía de vez en cuando para vociferar alguna orden o para quejarse. Mientras tanto, el tío Norberto y yo nos ocupábamos del funcionamiento de la nave y cada tanto, cuando se liberaba, Leandro se nos unía a conversar. Resultó se bastante buena persona.
 La llegada fue fácil. Aterrizamos cerca de la entrada de una cueva, nos pusimos los trajes protectores y entramos. No encontramos ningún inconveniente dentro. Los caminos eran fáciles de recorrer y sin demasiado problema llegamos a una gran veta de calcideana. Sin perder el tiempo Marcos extrajo un fragmento tan grande como pudo hacer entrar en el estuche contenedor, y nos dispusimos a salir.
 Teníamos lo que habíamos ido a buscar y la salida estaba al final del último corredor, pero nos encontramos con algo que no estaba antes. Parecía un espejo, pero no era estático: estaba vivo, se movía, latía. Era la propia calcideana que no permitiría que nos llevásemos aquel fragmento de mineral. Emergió desde su interior, como saliendo a la superficie, una figura humanoide cuya forma cambiaba a cada segundo. Nos miramos con tu tío y los demás socarronamente, confiados en que no presentaría ningún problema para nosotros. Pero de a poco, fuimos olvidándonos los unos de los otros, absorbidos por lo que cada uno veía reflejado delante de sí.
 Vi como la nave que tenía en aquel momento, la que utilizaba para trabajar, cambiaba hasta convertirse en una último modelo primero, y en una nave que aún no existía, infinitamente más rápida y con mayor capacidad de carga después. Pude verme también a mí mismo inaugurando mi propia empresa, siendo exitoso y derrotando a toda la competencia. Luego pude ver como me volvía el nuevo emperador del universo. Pero eso no era lo que yo quería, para mí aquello era un trabajo solamente, nunca me había interesado conquistar la galaxia ni mucho menos.
 Entonces, turbado, aparté la vista del espejo y vi como los demás estaban igual de absorbidos por lo que veían. Las imágenes del espejo los maravillaban, Leandro comenzó a pestañar y a desconcentrarse de la misma manera que yo lo había hecho poco tiempo atrás y alejó la vista del espejo. En ese momento vi también que del espejo surgían unos tentáculos vidriosos que se acercaban a tu tío y a Marcos. Por eso me apresuré y sacudí a Norberto del brazo para sacarlo del trance en el que estaba. Leandro intentó hacer lo mismo con su jefe, pero no tuvo la misma suerte: al descubrir que lo intentaban separar de la imagen del espejo, Marcos golpeó a Leandro, alejándolo de si y se entregó de lleno a sus visiones. Mientras nos alejábamos vimos como aquellos extraños tentáculos cubrían completamente a Marcos que, simplemente, reía a carcajadas. Él había elegido quedarse, su deseo de poder y riquezas fue demasiado y no pudo escapar.
 Finalmente llegamos a la nave y escapamos de aquel mundo. Leandro me dijo después que el había visto como abandonaba el trabajo de asistente de Marcos y ponía con sus ahorros un bar en un asteroide en los anillos de Júpiter y como poco a poco su negocio crecía hasta volverse un zar de la noche espacial.
-Eso fue lo que me hizo desconfiar de lo que estaba viendo: no me gusta la noche espacial, es muy oscura como para gobernarla-. Nunca supe que era lo que había visto tu tío.
Lamentablemente tanto la piedra calcideana que habíamos ido a buscar como nuestro empleador habían quedado dentro de aquella caverna, y nos quedamos sin pago.”

-Bueno, esa fue la primera vez que dudé verdaderamente de mi trabajo, claro que siempre me gustó progresar, mejorar mi herramienta de trabajo y esas cosas, pero jamás pensé en tener tanto poder.
-En la holoescuela aprendimos que el poder total es aburridísimo.- reflexionó Hernán.
-Buenas noches, hijo.
-Buenas noches, papá.